Investigación en «Cooperación internacional ambiental»

La Laudato Si y la cooperación internacional ambiental en aguas y bosques

Francisco muestra en la encíclica como “son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior(LS10). Y a lo largo de ella muestra como son los más pobres los que sufren los efectos del deterioro ambiental ya sea por la “exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras” (LS10), por vivir en” lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales” (LS25) y sobre todo por “un problema particularmente serio, el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento y de mortalidad infantil”

Los pobres son las principales víctimas “la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura” (LS22). Por ello la Fundación se plantea también actuar como una organización de cooperación internacional ambiental, para poder desarrollar proyectos concretos relacionados entre otros con el cuidado y abastecimiento de agua, la provisión de energía renovable, el paisajismo, el desarrollo rural y la urbanización o el cambio climático en las zonas pobres donde son más necesarios, pues “los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo” (LS 172).

Programa «Cuidar del Agua, cuidar de los bosques»

La Fundación Laudato Si trabaja concretamente en la mejora de la gestión de las cuencas hidrográficas y de las nacientes de agua en los países centroamericanos.

A pesar de su gran riqueza hidrológica ( por ejemplo, Costa Rica, es uno de los países que registra unos 2.926 milímetros de agua caída (mm) por año, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el abastecimiento de agua en cantidad y calidad adecuadas no está siempre garantizado. Por una parte la temporalidad de las lluvias  concentradas generalmente los meses de junio a octubre (en octubre de 1.944 cayeron en Nicaragua en promedio, 942 litros de agua por metro cuadrado de los 2.933 que llueven de media) pueden  dejar épocas de cauces secos. Por otra parte la calidad parece una batalla perdida. En relación a la cantidad y adecuada distribución, la configuración montañosa de Centroamérica  hace que la captación de aguas que puedan hacer los bosques  puede no garantizar la continuidad de los cauces a lo largo de todo el año en muchas zonas en las que el bosque ha dejado su espacio a potreros  (praderas sin capacidad de retención hídrica), es decir en las que se ha sufrido graves procesos de deforestación. Se estimad que Honduras pierde todavía anualmente entre el 2 y el 3% de su superficie forestal anual.

Y en relación a la calidad, tristemente  se da por hecho que  los ríos y arroyos están contaminados prácticamente desde su origen. Según el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) de Guatemala, más del 90% de las fuentes de agua tienen contaminación bacteriológica y residuos fecales provocando enfermedades diarreicas. Endicho país cerca de la mitad de la población no tiene servicio de agua en su vivienda y de la otra mitad, más del 60% no aplica ningún tratamiento al agua para beber. Y por si fuera poco, también en Guatemala el hecho de que el agua esté entubada no significa que sea potable. De los 18.800 sistemas de suministro de agua muestreados por el Programa de Vigilancia del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social en 2008, más del 50% no contenía niveles adecuados de cloro, y más de una cuarta parte presentó contaminación bacteriológica. Y esta contaminación es  quizá la principal causa de mortandad infantil en el mundo. Si bien el número de muertes infantiles causadas por diarrea se redujo en un tercio entre 2005 y 2015, las tasas de mortalidad siguen siendo las más altas en algunos de los países más pobres del mundo. La diarrea mata a casi medio millón de niños menores de 5 años cada año en todo el mundo (más de mil diarios). Además, hay más de 200 millones de casos de diarrea no fatales por año en todo el mundo. De hecho, las enfermedades diarreicas representan 1 de cada 9 muertes infantiles en todo el mundo, además del impacto perjudicial que pueden ejercer en el crecimiento infantil y su desarrollo cognitivo[1].

La gestión de cuencas hidrográficas es un concepto ampliamente aceptado en la comunidad científica y técnica. Sin embargo su aplicación no llega a la población rural. Para la mayor parte de las aldeas y núcleos rurales centroamericanos (familias, pueblos, haciendas), el problema del agua se soluciona o bien comparando agua para beber embotellada cuando hay recursos económicos[2], o bien cavando pozos, y en algunos casos entubando el agua de las nacientes. Sin embargo en los dos últimos casos no existe la seguridad de que el agua aún entubada de manantial subterráneo o de afloramiento, vaya a ser potable. Si bajamos aguas abajo empezamos a encontrar además una contaminación por vertido de aguas residuales (negras) que hacen de los ríos alcantarillas prácticamente desde que pasan por un núcleo urbano hasta su desembocadura en los océanos atlántico o pacífico.  No existe una cultura de cuidado de los ríos. Estos son percibidos como el desagüe natural, el lugar donde verter una basura que se irá lentamente hasta el mar. Se podría decir que es un concepto asumido plenamente por la mayor parte de la población: los ríos son los canales de desagüe finales de las aguas residuales y fecales. Desde que nacen, prácticamente contaminadas en origen con coliformes fecales procedentes en su mayoría de ganadería próxima a la naciente los ríos están sucios. Es más parece que su naturaleza fuera la de estar sucios. Y por ello los únicos planteamientos que hacen las entidades de desarrollo de cara a garantizar el abastecimiento de agua saludable es su limpieza. Nadie se plantea que el agua pueda venir limpia. Y como vendrá sucia hay que limpiarla.

Sin embargo los ríos son como las venas de la tierra. Y son de cara a los seres humanos nuestros canales de comunicación más claros con la naturaleza. Si los ríos funcionan quiere decir que el resto de la naturaleza también lo hace adecuadamente. Si fluye agua es porque hay bosques donde debe hacerlos. Si el agua está limpia es porque hemos eliminado las fuentes de contaminación. Si hay biodiversidad en ella es que los millones de años que ha tardado cada cauce en hacerse único continúa su evolución en un territorio sano donde la diversidad biológica sigue fluyendo y equilibrando el ecosistema. Los ríos son en última instancia un indicador de nuestra relación con el medio. Y nuestra relación, prácticamente ausente  se caracteriza por que ya no es inmediata. Ya no percibimos el contacto con la naturaleza ni nuestra dependencia de ella. De los ríos hemos bebido durante siglos, aunque ahora parezcamos olvidarlo  y en la actualidad consideremos que abastecer a las poblaciones de agua potable es exclusivamente un trabajo de ingeniería: filtración y depuración. Y es que hemos dado por perdida la batalla de su buen estado por dos razones: la urgencia y la magnitud del problema han hecho pensar que es un problema a resolver por las administraciones en lugar de por las personas. Y sin quitar el papel fundamental que deben de tener a las administraciones públicas, la realidad es que en Centroamérica no pueden llegar a solucionarlo. El hábitat es demasiado disperso y el porcentaje de población rural demasiado alto para poder  abastecer adecuadamente  a todas las comunidades y caseríos. Es necesario trabajar la educación hídrica, una “asignatura” pendiente que pueda basarse en los tres parámetros básicos a través de los cuales medir los ecosistemas ( como son los ríos aunque parezcan basureros) así como nuestras actuaciones sobre ellos (Leopold[3] 1949) como son los ríos: su integridad, estabilidad y belleza. En la práctica no existe ningún planteamiento educativo que explore como el curriculum escolar, especialmente en las zonas rurales puede convertirse en una herramienta eficaz de abastecimiento de aguas sanas, de cuidado de los ríos y de lucha contra las enfermedades diarreicas. Y esta educación debe  adaptarse fundamentalmente a las áreas rurales, de recarga hídrica, es decir a las poblaciones, especialmente a las más jóvenes (infantil, secundaria) de las zonas de cabecera de las cuencas hidrográficas. Este proyecto de investigación plantea algo sencillo. Es bueno limpiar (tarea de las administraciones), pero mejor es no ensuciar (tarea de todos) y sobre todo entender como son y pueden ser nuestros ríos cuando se cuidan desde su origen. Es importante  depurar el agua, sí; pero más importante sería no contaminarla, especialmente en las nacientes.  Para empoderar a las comunidades rurales y permitir que desde pequeños quienes habitan el medio rural puedan conocer sus ríos  y su estado, y valorarlos y cuidarlos como hacen con sus cultivos, es necesaria un nuevo enfoque educativo. Es necesario trabajar la educación con las futuras generaciones, es decir con los niños de ahora. Es esencial incorporar algo absolutamente ausente en los currículos escolares de Centroamérica, la educación hídrica, y dentro de ella, sobre todo la educación fluvial; que los niños entiendan cómo funcionan sus ríos, sus ciclos hidrológicos, sus cuencas, sus nacientes, en definitiva su agua que no está condenada como ahora consideramos a nacer y fluir sucia.

Educación fluvial infantil

La educación ambiental ha sido definida como[4]la acción educativa de permanente por la cual la comunidad comprende dichas relaciones y sus causas profundas. Ésta se desarrolla mediante una práctica que vincula al educando con la comunidad, valores y actitudes que promueven un comportamiento dirigido hacia la transformación superadora de esa realidad, tanto en sus aspectos naturales como sociales, desarrollando en el educando las posibles habilidades y actitudes necesarias para dicha transformación así como también hace uso de elementos didácticos para poder cubrir necesidades ambientales y mejorar el entorno.» ​

Sin embargo la educación  ambiental  en muchos caso se ha convertido en un trabajo de evitación ( no tirar basura, evitar usar gases contaminantes etc…) que si bien es importante no va al núcleo fundamental de la educación, que es comprender al relación positiva que nos une al objeto de estudio. Entender la relación entre el río y la comunidad, lo cual implica entender cómo funciona el río, lo cual como veremos implica medirlo, para a continuación entender (y también cuantificar) nuestras interacciones con él. Los niños y las comunidades en general deben comprender los ríos. Y para comprender de modo concreto una exigencia particular es la medición. No podemos manejar lo que no somos capaces de medir. Es necesario que las comunidades y los niños sepan por una parte evaluar sus ríos como por otra identificar sus responsabilidades (que río pasa por sus territorios, si viene limpio, si sale limpio…), además de  sus necesidades. Sólo asumiendo responsabilidades se pueden exigir a otros que modifiquen patrones que a su vez garanticen nuestras necesidades. Es necesario por lo tanto que una comunidad pueda saber si el agua que fluye por su territorio corre  con unos parámetros de cantidad y calidad adecuados. Esta tarea hoy en día sin embargo se delega a las administraciones públicas, que no pueden abarcarla en su totalidad. Es necesario por lo tanto la “democratización del cuidado de los ríos”. Pero este proceso de descentralización subsidiaria del control de ríos requiere una formación, y lo que es más importante, requiere métodos sencillos que puedan hacerse a gran escala por parte de comunidades, escuelas, rurales, particulares y que puedan posteriormente ser incorporados a una base de conocimiento más grande. Sin embargo, no existe a fecha de hoy en Centroamérica ningún plan o política hidrológico que permita conocer al público en general, y a los usuarios en concreto el estado de sus ríos de un modo cuantitativo, temporal  y espacial. Con una población adecuadamente educada en el cuidado y control  de los parámetros básicos de sus ríos, el papel de la administración puede pasar de proveedor de una información puntual a la de permitir descentralizar en la medida de lo posible sus competencias desde un sano principio de subsidiaridad[5]. Y una descentralización del cuidado acompañada de una centralización del proceso informativo puede suponer entre otras muchas cosas, la base de un sistema de pago por servicios ambientales por ejemplo para el recurso hídrico basado en indicadores directos permanentes de calidad y cantidad. Es decir, un sistema de recompensa a quienes cuidan el río que permita  establecer y expandir políticas de cuidado hídrico al país entero.

En síntesis, la expansión de una educación fluvial a comunidades, y especialmente a los niños, a través de una ampliación del currículo formativo de la educación rural en los países centroamericanos podría establecer las bases de una nueva política y cultura del agua que revirtiera la triste situación de abandono, suciedad y foco de enfermedades que constituyen los ríos hoy en Centroamérica.


[1] Hay una mayor cantidad de muertes en niñas menores de 5 años (9,02%) que en niños de la misma edad (8 ,84%). Para los niños con VIH, la diarrea es aún más mortal; La tasa de mortalidad de estos niños es 11 veces más alta que la de niños sin VIH. Además, la carga de la diarrea en adultos mayores de 70 años requiere atención.

[2] En una investigación realizada aún no publicada por el autor y el profesor Pablo Flores determinaron que el 12% de los ingresos de los habitantes de la cuenca de Piedras Gordas en Tela, Honduras, se dedicaba a la compra de agua potable embotellada, cuando  dicha cuenca abastecía de agua a un tercio de la cuidad de Tela.

[3] Leopold, Aldo. 1949. La ética de la tierra.

[4] Teitelbaum, A. (1978). «El papel de la educación ambiental en América Latina.». UNESCO.

[5] Un asunto debe ser resuelto por la autoridad (normativa, política o económica) más próxima al objeto del problema.